Facebook, próxima parada: Wall Street

Uno no puede menos que mirar hacia atrás y poner cara de susto cada vez que una gran empresa 2.0 hace pública su intención de salir a bolsa y esto es debido a la burbuja tecnológica que nos explotó en la cara en los primeros años de este siglo y de la que espero hayamos aprendido algo. Este año que aun está en pañales va a ser testigo de la mayor oferta pública de acciones de la historia de Silicon Valley, honor este que aun hoy ostenta Google, y su protagonista será Facebook. Wall Street (o la calle del ‘Muro’) espera ya oficialmente su llegada y esto no deja de tener su gracia.

Para que nos hagamos una idea aproximada de lo que esta operación supone, decir que Google colocó en el mercado acciones por valor de 1.670 millones de dólares en 2004 y que Facebook, antes de conocer la demanda real, prevé colocar 5.000 millones en 2012 (cifra que podría llegar a casi duplicarse según algunas fuentes) lo que situaría el valor de la compañía entre 80 y 100.000 millones de dólares.

Este último dato, por “aparentemente desorbitado”, bien podría ser un síntoma de la enfermedad que se llevó por delante a tantas “puntocom” allá por el 2000-2001. Y digo “aparentemente desorbitado”

¿Por qué “desorbitado”?

Una de las cosas buenas que tienen las OPV (oferta pública de acciones, IPO en su equivalente norteamericano) es que obligan a las empresas a ofrecer datos que antes se nos permitía conocer con cuentagotas o no llegábamos a conocer nunca. De esta forma hemos sabido que Facebook, en 2011, facturó 3.700 millones de dólares (un porcentaje nada despreciable vino a través de Zynga, su proveedor de juegos sociales) ¿Cómo puede una empresa que factura 3.700 millones de dólares estar valorada en 100.000? ¿Es o no es un valor desorbitado? Google, por seguir con las comparaciones, terminó el año con una valoración de 189 mil millones de dólares (el doble) y con una facturación de 39 mil millones (10 veces más). Aparentemente sí que lo es pero…

¿Por qué “aparentemente”?

Nos ha llegado más información de la evolución de la compañía durante el año 2011. Hemos conocido, por ejemplo, que tienen 845 millones de usuarios activos mensuales repartidos por todo el planeta y sus previsiones indican que llegarán a ser 1.000 millones en agosto de este año. Podemos afirmar por tanto que la distribución geográfica de sus “clientes” hace a la compañía casi inmune a las crisis locales que puedan padecer los distintos países y, por otro lado, nos permite calcular el valor de cada usuario activo que se situará entre los 90 y 120 euros. Debemos añadir que las salidas de un usuario registrado no son nada claras por lo que suelen ser muy fieles además de que cada uno de ellos se convierte automáticamente en prescriptor al abrir la puerta de entrada a otros tantos de su círculo social.

Estos datos corresponden a una empresa de una naturaleza peculiar, muy ‘2.0’, y son realmente atractivos pero ¿serán suficientes como para justificar una valoración tan ambiciosa?

Y los usuarios, ¿debemos preocuparnos?

El que suscribe debe admitir que tiene un perfil mucho más definido como usuario que como bróker bursátil y, desde este otro punto de vista, me pregunto si la presión ejercida por los nuevos accionistas que entrarán en la compañía y le férrea exposición a la vigilancia pública a la que se someterá afectará a sus políticas de privacidad.

Y es que, seamos claros, la privacidad de los datos es la espada de Damocles que pende sobre las empresas 2.0 de cualquier naturaleza.

Teniendo en cuenta la experiencia previa recibida de las salidas a bolsa precedentes, Facebook tiene mucho aprendido y es que Google, Linkedin o Groupon por citar algunos casos, ya han pasado por el mismo proceso. Aun así, resulta útil revisar la estructura accionarial actual de Facebook para estimar los cambios que puedan producirse en este sentido.

Debemos recordar que Facebook viene ‘cotizando’ en el mercado privado desde hace varios años recibiendo un capital estimado total de 2.300 millones de dólares procedentes de multitud de agentes externos y de numerosas rondas de financiación. Google, por ejemplo, se financió con unos ‘ridículos’ 25 millones de dólares procedentes de entidades de capital riesgo. A pesar de esta fuerte entrada de capital, su creador Mark Zuckerberg sigue siendo el máximo accionista con un 28’4% de la compañía aunque, por mecanismos que quedan fuera del alcance de este post, se ha garantizado más del 60% del poder de decisión. No parece por tanto predecible a corto plazo un cambio de rumbo de la compañía pero, lo que es una buena noticia para los usuarios puede no serlo tanto para los inversores ya que esto podría significar que los rápidos beneficios que suelen retornar de este tipo de operaciones ya hayan sido repartidos.

Estaremos pendientes de la que suceda en el segundo o tercer trimestre del año (cuando se estima que Facebook podría comenzar a cotizar) y deseando que, llegado el momento, el precio de la acción no se convierta en la prioridad principal de una compañía que contará, tras su salida a bolsa, con los recursos necesarios para crecer aun más y mejor…

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