Los empleados incendiarios y los empleados bomberos



El caso de la iPad y Yoigo

En una misma semana me ocurrieron dos situaciones muy ilustrativas. La primera fue que me compré, al fin, un iPad. Pueden imaginarse la satisfacción y la ilusión que me producía esa compra. Adquirir un iPad tiene un componente emocional casi del noventa por ciento, aunque todos lo “vistamos” de razones objetivas. Es realmente un capricho, un lujo y, como pude comprobar desde el jueves pasado, despierta la envidia de muchísima gente. La cuestión es que yo estaba con mi maravilloso iPad, pero no tenía conexión a internet. Como mi operador es Yoigo, al pasar por una tienda entré para preguntar si tenían alguna tarifa especial para el caso de tener ya contratada una tarifa de datos para el móvil y qué era lo más conveniente en cualquier caso.
La persona que me atendió en dicha tienda a la que entré “al azar” me preguntó si era un “iPad de Apple”, pregunta que me dejó muy desconcertada, pero que respondí afirmativamente. Entonces me dijo que no, que lamentablemente la sim de Yoigo no va con el iPad así que no podía tener conexión con esa Compañía.
Era la peor situación y el peor momento para que mi Compañía me dejara “tirada”, sin ninguna solución. La sola idea de tener que buscarme otro operador sólo para el iPad me parecía algo engorroso y, seguramente, más caro. Miles de pensamientos me vinieron a la cabeza (por ejemplo, quién me mandó a mí a dejar a Movistar….)
Como soy “amiga” de la página de Yoigo en Facebook, conté el caso y pregunté si era verdad que no había solución. A los dos días recibí un mensaje de Yoigo que decía “Sí que hay solución, se recorta la sim, saludos..!!!”. Me resultó tan frívola la respuesta que vi todo rojo.
Menos mal que varios usuarios solidarios me explicaron que la sim del iPad es más pequeña pero que en las tiendas Yoigo (por lo menos en algunas) las recortan (o que probara en los chinos). Fui a la tienda Yoigo que tenía cerca de casa para ver qué me explicaban allí y me encontré con otra persona que me explicó claramente cuál era el problema, cómo se solucionaba, las tarifas y las condiciones, etc., etc., y, de hecho, ya lo tengo resuelto.

El caso del Circo del Sol

Otra situación en la misma semana: soy fanática del Circo del Sol y he visto todas las producciones que trajeron a Madrid. El viernes pasado tenía entradas (para mí y para mis dos hijas) para ver Zarkana en Madrid Arena. Las entradas costaron 65€ cada una. No eran las más caras, pero tampoco las más baratas. Cuando entramos vi con consternación que estábamos lejísimos del escenario (aunque tengo que decir que prácticamente todo el recinto está súper lejos) y además en posición lateral.
Imaginaros un espectáculo de circo en el que se tiene que apreciar el esfuerzo de los artistas y que tiene que ser envolvente y mágico, visto como un “cuadradito” a la distancia (había gente preguntando si vendían prismáticos). Jamás me había ocurrido eso antes, cuando el espectáculo era en la propia carpa del Circo del Sol, y eso que muchas veces estábamos en la última fila. Por ese motivo, si bien no quise sacar las entradas peores, no me preocupé demasiado por verificar las distancias porque nunca me habían fallado hasta este momento.
En las entradas avisan que si no se llega antes de que cierren las puertas ya no se puede acceder al recinto hasta el intermedio (como en la ópera). En la cara que estaba de frente al escenario había muchísimos asientos vacíos, así que, en cuanto cerraron las puertas nos cambiamos de sitio (como hago muchas veces en la ópera). Seguía siendo un timo, pero estábamos algo más abajo y, por lo menos, centradas. Pues bien, cuando estábamos colocadas muy contentas en el nuevo sitio, se acerca una acomodadora para decirnos que tenemos que volver a nuestro sitio. Le pregunto el motivo y me dice que son entradas reservadas por el director de la producción y que puede ser que se ocupen. No hubo caso, aunque le argumenté que una vez cerradas las puertas nadie podía entrar, nada, no había manera. Tuvimos que volver a los lugares iniciales.
Ahí decidí (lo consulté con las niñas) irnos, pedir hojas de reclamaciones y exigir que nos devolvieran el dinero. Nos levantamos y, en la puerta, había otro acomodador al que le explicamos el motivo de levantarnos. Supongo que a esa altura yo ya estaba bastante alterada. El chico estuvo de acuerdo conmigo, me dijo que se había quejado gente, que sí, que muy mal, pero que si queríamos, él nos dejaba estar en los sitios a los que nos habíamos cambiado (incluso algo más abajo). Decidimos quedarnos. No se nos fue la sensación de timo, pero al menos, no montamos un escándalo, ni tuvieron que devolver dinero, ni hubo escenas desagradables. Y nosotras vimos el espectáculo que, como siempre, es magnífico (aunque es un poco difícil poder apreciarlo) y no tuvimos que irnos con sensación de fracaso y tiempo perdido.
La diferencia está en las personas
En los dos casos que relato, hubo empleados “incendiarios”, de esos que van con una caja de cerillas en la mano y que cuando perciben que el cliente ya es lo más parecido a un tanque de gasolina a punto de explotar, le dan una “manita” encendiendo la cerilla. ¿Cómo se les ocurre a los señores de Yoigo responder de una manera tan frívola “saludos!!!” cuando estoy contando una preocupación. Lo que corresponde en ese caso es una cobertura absolutamente profesional que transmita: “no se preocupe, Yoigo siempre le va a dar una solución, no se equivocó al elegirnos como su proveedor”. Esa respuesta profesional fue dada por otros usuarios y por el empleado de la tienda que se tomó el tiempo necesario para explicar y que además, conocía el tema. No se puede tener en las tiendas a empleados o empleadas que te pregunten si el iPad es de Apple y, menos aun, que te digan que NO tienen solución para tu tema.
Qué decir del segundo caso. Si la primera persona no nos hubiera obligado a dejar el sitio, nada hubiera pasado. No estaríamos demasiado contentas pero nos hubiéramos olvidado del tema. Pero no, encendió la cerilla para que explotáramos. La segunda hizo lo que tenía que hacer: nos dio la razón, nos buscó una solución, e incluso vino luego a preguntar si estábamos bien. Un auténtico bombero. ¡Chapeaux!.
PD: tengo que decir que Yoigo me preguntó, unos días después, si estaba el tema solucionado, y, cuando le dije que sí, me contestaron “genial!!”. Estoy pensando que, quizás, sus clientes son todos adolescentes, o, lo que es peor, que se creen que lo son.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

bueno, es que lo tuyo es tambien un poco echarle morro a la vida. hay que tener huevos para comprarte unas entradas para una zona mas barata y luego exigir que te devuelvan el dinero y poner una hoja de reclamaciones por no dejarte sentar en la zona cara (a pesar de que este vacia) - haber pagado por estar en ella (seguro que no les planteaste pagar la diferencia y estar en un sitio mejor - y encima reconoces que es algo que haces a menudo...)
comprate un seat y exige que te lo cambien por un mercedes si por lo caro que es, no se lo compra nadie...
tendrian que existir hojas de reclamaciones para gente impresentable.

Cecilia dijo...

Exactamente, tendrían que existir hojas de reclamaciones para la gente impresentable, pero, lamentablemente, no servirían para los que se escudan detrás del anonimato.
Tu comentario manifiesta muchas ignorancias: la entrada no es la más barata :-). Los sectores de precio están divididos y en ningún caso puedes ir a sitios de otros precios. Evidentemente no conoces el Madrid Arena ni vas nunca a la ópera :-). Independientemente de que sea un Seat o un Mercedes tienen que cumplir con lo mínimo, es decir, transportar a quien sea. Y, especialmente, no te has enterado que este post va de cómo gestionar conflictos.
En fin, no iba a responder porque no vale la pena, pero, qué le vamos a hacer. Genio y figura.

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