El regalo de la navidad

Hace un tiempo, lo habitual era devanarse la cabeza pensando en qué regalar a según quién pensando en sus gustos, que no lo tuviera ya, que le sorprendiera, que le fuera útil…

No siempre había “grandes éxitos”, que se lo pregunten al jardín zen con rastrillo que tengo guardado en un cajón desde hace 4 años, envuelto con restos del papel de regalo y todo…

Después empezó a generalizarse aquélla práctica de los abuelos de “dar la propina”, y entre mis conocidos, más del 50% recibían de sus allegados como regalo navideño “dinero para que te compres lo que quieras”. El problema es que a veces te lo gastabas no se sabe en qué, y el regalo se evaporaba. Esto se tradujo en la sociedad de consumo como: “es que es muy frío regalar dinero”.

Claro, las compañías y el Marketing no dejaron pasar la oportunidad y este devaneo evolucionó en forma de tarjetas regalo, el Corte Inglés a la cabeza del tema, por tarjetas que no quede. Hoy día casi todos los comercios tienen estas tarjetas.

Sobre todo en tema formatos, se puede encontrar casi de todo, vestidas para cualquier ocasión, aunque lo que realmente importa en estos artículos de cara a la preferencia de unas u otras es:

-Que la marca sea la de referencia para la persona a quien regalas, regalar una tarjeta de regalo sin límite a un vegetariano para el Museo del Jamón, por ejemplo, no tiene muchos visos de tener éxito por muy bonita que sea la tarjeta y muy valioso que sea el contenido… ¡Orientación al cliente también entre los amigos y familiares!

-Que sea de fácil canje: aún recuerdo alguna experiencia en que sólo podía utilizar mi tarjeta regalo en una sucursal de la marca específica, los lunes y martes, de 18h a 20h…..si son triquiñuelas para evitar el uso, no sirve: pan para hoy y hambre para mañana (ni que decir tiene que jamás volveremos a comprar una tarjeta de dicho establecimiento, con hoja de reclamaciones de por medio incluida y contacto con la OCU de paso…). Y en el mismo sentido, ojo con la caducidad y las limitaciones al producto….la tarjeta tiene que facilitar (al que regala y al regalado) y no al contrario. ¡Accesibilidad, usabilidad también en el mundo offline!

-Preferiblemente que sea bonita, novedosa, innovadora: así además conseguiremos un efecto boca a oreja nada despreciable: un amigo recibió una tarjeta regalo para una tienda de moda que incluía música al pulsar en una esquina y tenía cargado el catálogo de los artículos para que pudieras tranquilamente elegir en casa visualizándolo en un ordenador y después utilizar la tarjeta en la tienda….nos la enseñó tantas veces y a tanta gente que llego a dudar si la utilizó o la sigue llevando en la cartera para alardear de ella… Marketing experiencial y de sensaciones, ¡sensacional!

Una evolución más de esto son las tarjetas de débito o crédito con el mismo fin: es regalar dinero sí, pero de una forma que intuimos más cálida….Un ejemplo bonito es el de Hello Kitty, a mis sobrinas de 11 años les va a encantar la idea de tener “tarjeta como los mayores” y de que además sea de su muñeca fetiche:

Y la máxima evolución del tema lo veremos este año, ni que decir tiene que arropado por la situación económica que estamos viviendo, con los “vales regalo” de las empresas tipo centrales de compra de descuentos locales que han proliferado y que tanto éxito tienen: Groupalia, Groupon, Lets Bonus, Planea, etc. ¿Quién no quiere de regalo una “tableta”, por ejemplo, al 47% de su precio habitual? ¡Yo sí!

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