¡Muerte a la Musa! ¡Viva la innovación!

Me da hasta pena, pero estoy convencida de ello.

Este mes hemos asistido a las jornadas de Expomanagement que todos los años por estas fechas visitan Madrid.

Uno de los ciclos, de Marketing e Innovación, fue muy interesante y aportó diferentes puntos de vista, o “de origen”, de la innovación, que me parecieron buenos elementos para la reflexión.

Estamos ya muy acostumbrados a que nos digan eso de que en época de crisis (y sin ella) o innovas o te quedas rezagado en casi cualquier tema que tenga que ver con el business (y no digamos ya en temas de Marketing), que la innovación es el motor de la adaptación al entorno cambiante que tanto caracteriza nuestro tiempo.

Y también tenemos ya claro, que innovar no es encontrar la cuadratura del círculo, que en ocasiones basta con hacer lo mismo de forma diferente para dar un vuelco muy satisfactorio a las cosas.

Pero claro, lo de innovar es como lo de querer tener éxito en los negocios: ¿dónde está la delgada línea que separa el que un negocio sea próspero y tenga mucho éxito entre el público, frente a otro que, dedicándose y ofreciendo cuasi lo mismo, no levanta cabeza?, ¿dónde está la delgada línea que separa el hacer las cosas al uso, frente a las brillantes ideas que transforman los procesos? Díganmelo, que yo lo sigo a pies juntillas…

Pues en el caso de la innovación estamos hablando igual que de la suerte, y no por el matiz de ser temas que creemos “casi imposibles de alcanzar”, llenos de elementos incontrolables de casualidad y azar, sino porque en ambos casos, si ahondamos más en ejemplos específicos, casi siempre encontramos porqués “científicos” a estos asuntos (el estar en el momento adecuado en el lugar adecuado fruto de haberse esforzado y preparado para ello, por ejemplo).

Y ejemplos hay muchos, así dejó constancia Fernando Trías de Bes en la presentación de su libro “Innovar para ganar: el modelo A-F” al que pudimos asistir en este foro: desde innovar a partir de dejar volar la imaginación de los usuarios y hacer caso de estos vuelos, como en el caso de Lego, hasta innovar vía asunción de buenas prácticas de los propios establecimientos en otros mercados globales diferentes al local, como en el caso de Starbucks.

Me gustó la ponencia de Franc Ponti, que bajo el título de Mente creativa, actitud creativa” explicaba el proceso de la innovación como algo tangible, sin dejar de lado la creatividad pero siendo conscientes de que la creatividad se trabaja, pocas musas hay volando que de repente, y sin más, dejen sobre la mesa la penicilina, por ejemplo….

Y es que el proceso de innovación ha de ser cuasi taylorista, como una fábrica con sus máquinas en serie donde hay que pasar por todos los estadios para lograr la idea.

Se defendía el crear equipos específicos de innovación, bajo procesos bien definidos con cronogramas, metas y objetivos puntuales a alcanzar. Casi paradójico: el trabajar como siempre, para encontrar lo que nunca.

Esto por lo visto, despierta las conexiones necesarias en nuestros cerebros para “hilar fino” entre nuestros conocimientos, experiencias y pruebas-error, para poder dar así con “la idea” perseguida.

Así que trabajo procedimentado y disciplinado parece ser el quid de la cuestión para encendernos “la bombilla”. .. Lo dicho, muerta la Musa, ¡viva la Innovación!

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