Cuando los clientes somos todos.


Este post va en contra de los nichos, las segmentaciones de clientes y el especializarse en las necesidades y expectativas de grupos homogéneos.

Y yo soy ferviente defensora de ello, no crean, pero es que cada vez me doy más cuenta de que la realidad de la globalidad y las teorías de los océanos azules, van a obligar a nuevos replanteamientos.
Se dice que en temas de estrategia empresarial, asistimos a 2 tipos de escenarios:

Los océanos rojos, que representan lo conocido, las formas de hacer extendidas, el espacio de mercado habitual: empresa busca cliente de perfil determinado por el sector y tipo de producto/servicio, se ofrece diferenciación de la competencia y se exige acaparar cuota en un mercado copado. Como las oportunidades en estos mercados son cada vez menores y las dificultades de negocio son cada vez mayores, se dice que “las aguas se tornan rojas”
Los océanos azules, que representan lo desconocido, el nuevo mundo inexplorado: empresa busca demanda global, ofrece innovación (porque ha “inventado una nueva industria”, o porque ha redescubierto y ampliado la suya) sin preocupaciones por productos sustitutivos que no existen.

Pues bien, en la vida cotidiana asistimos cada vez más a casos de “océanos azules” que no hubiéramos ni imaginado. Pongo un ejemplo con el que no va a hacer falta más explicación:


Negocio: Colegio concertado de corte religioso, perteneciente a una de las órdenes católicas dedicadas tradicionalmente a la educación.
Mercado “normal”, en el que estaríamos inmersos dentro del “océano rojo”: padres de niños de 2-17 años, normalmente de familias que comulguen con la ideología del colegio, pero también otros que buscan la experiencia y buen hacer en educación avalada por los años. Tiene importancia, igualmente, que padres, tíos y demás familiares hayan cursado estudios en el mismo colegio (carácter de tradición).
• Mercado digno del “más azul del los océanos”: clubes y asociaciones de fútbol de primer orden que tienen presencia en competiciones a nivel nacional e internacional.

No os meséis los cabellos, no, que ya lo hice yo que me tocaba de cerca, tampoco me he vuelto loca, ni ellos si lo vemos desde el punto de vista de la cuenta de resultados, es que es así.

Resulta que la excelente ubicación del centro en cuestión, hace de sus instalaciones objetivo de estos nuevos mercados cuando se disputan en la zona eventos de masas. Y muy inteligentemente para el business, la visión de la orden religiosa no deja pasar esta oportunidad de zambullirse de lleno en la “piscina azul”.

Me pongo en la piel de su director, y casi le aplaudo. ¿Quién le iba a decir cuando empezó, que además de preocuparse por si dejaban de nacer niños en España, si el corte religioso era o no un impedimento para la buena marcha de matriculaciones en el centro, si había que hacer más charlas y convivencias con padres para que eligieran el colegio como opción para sus hijos, si habían de hacerse bilingües o no…quién le iba a decir que además debería estar pendiente del calendario de la champions league de fútbol y de relacionarse y no olvidar de felicitar en Navidad a los presidentes de las FIFA de turno, los concejales de deportes de su comunidad, etc., etc., para sanear las cuentas, o dar una alegría a las instalaciones?

Pues ánimo, que si una industria como esta es capaz de este tipo de reinventos, qué no podremos hacer las demás. Seamos específicos lo justo, sin dejar de ver más allá, que nunca se sabe donde encontraremos nuevos peces ni nuevos espacios donde nadar.

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