¿Por qué no quedamos para comer en el mercado?

En mi post “Un nuevo formato… Una nueva experiencia”, defendía que el éxito del libro electrónico probablemente dependa de su capacidad de generar nuevas experiencias en los lectores, diferentes a la experiencia que genera la lectura del libro “tradicional”.

Hoy os presento otro ejemplo de un modelo de negocio que se ha renovado y que parece estar teniendo éxito, gracias a que ha conseguido producir una nueva vivencia en los clientes. Me refiero al Mercado de San Miguel, uno de los más tradicionales y famosos de Madrid, situado en una de las salidas de la Plaza Mayor.

Su clientela estaba formada principalmente por vecinos del barrio, acostumbrados a hacer la compra para el consumo diario. Pero, la progresiva despoblación del centro de la ciudad y la paulatina sustitución del vecindario envejecido por población más joven y con otras costumbres alimentarias, provocaron un triste declive del mercado, hasta su cierre total.

Tras unos meses de especulación sobre su futuro y otros meses de obras, en primavera reabrieron el Mercado de San Miguel con un sorprendente concepto de mercado, que busca crear una nueva experiencia en el cliente, primando la oferta de “delicatessen” y promoviendo el consumo inmediato en el propio Mercado.

Para ello, en la zona central del establecimiento han creado un ambiente propicio a la reunión, con mesas y taburetes, y han colocado alrededor los mostradores de los locales, para que los clientes se acerquen a adquirir los atractivos productos (con precios nada baratos) y se los lleven a la mesa, a modo de bufet.

Si a todo esto añadimos su ampliado horario, no sólo están atrayendo a una clientela más joven y a gran número de lo turistas que visitan la Plaza Mayor, sino que están consiguiendo que la gente se desplace expresamente a visitar el nuevo Mercado de San Miguel.

Me queda la duda de dónde se abastecen ahora los pocos vecinos que aún viven en el barrio.

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